Viejo marinero ajado de duras arrugas, cruzando su frente marchita y su curtido rostro por el aire de la mar.
Y aqui ahora estaba en una cruel, para él, encrucijada
Alguien le habia ofrecido, a un precio que no podia rechazar, pues ni siquiera era aquél un precio monetario, una barca, más grande y moderna que la suya, recién pintada y con todos los aparejos nuevos, para ahora, a su edad, poder faenar en mejores condiciones.Con un motor que nada tenia que ver con el que él, hoy en dia, tenia para salir a trabajar por esos mares de dificultad. Ancla nueva y brillante, y todos los aparatos de radio modernos y en óptimas condiciones. Y pensaba que se la podia permitir porque si bien era bastante más grande y más moderna que su vieja barca, el sitio de amarre que ocupaba en el puerto, podia mantenerlo y atracar allí su preciosa barca nueva.
Pero claro, porque siempre hay un pero;seria de esa manera si se desprendia de su vieja barca, porque en su embarcadero lo que si no habia sitio era para dos barcas.Ni tampoco su situación economica por su trabajo, le permitirian mantener dos barcas en el puerto.Y aquí es cuando las dudas lo asaltaban.
Su vieja barca, ajada ya en su pintura, con su ancla ya roida por la sal de la mar y medio comida por el óxido, con sus aparejos más de una y de dos veces remendados, con su antiguo equipo de radio, tan antiguo que ya cuando lo compró, era viejo, y con su casco, tocado de tantas madrugadas de duras faenas lejos del hogar.¿Que haria con su vieja barca?
Su vieja barca, compañera de noches de insomnio lejos de casa, trozo de madera sin alma que tantas veces le dió ánimos para levantarse y salir a faenar.Viejo cascarón, que más de una vez fué la única razón para levantar su cansado cuerpo en las madrugadas.
Y pensaba en esto cuando uno de sus amigos, además de compañero de fatigas en la mar, y al que hacia tiempo que no veia, se acercó hasta él para saludarlo y entablaron la siguiente conversación;
Hombre amigo mio; ¿que es de tu vida que hace tanto tiempo que no te veo?
Pues mira amigo Juan; en este tiempo conocí a una mujer, joven y bella y ahora, después de dejar a mi esposa, vivo ahora con ella en otra parte del puerto.
Pues creo recordar que tu matrimonio iba bien; asi, ¿como y porqué de ese cambio, amigo mio?
Hombre Juan; mi esposa ya es vieja, casi tanto como yo, y comprendo tu pregunta porque no has visto a la mujer con la que vivo ahora, sinó, no me preguntarias.
Pocas palabras mas y una enhorabuena de Juan a su amigo, y se despidieron, sin mas.
Y aquí fué cuando Juan el pescador decidió que no era justo prescindir de su vieja barca, por la razón única de que se habia hecho vieja. Si lo acompañó toda su vida, también podria hacerlo unos años mas, y no veia ahora razón para hacerse con una barca nueva, que en definitiva seria lo único nuevo que habria en su vida.